Una madre, que sufre en silencio…


 

Que difícil es ser mujer en un país donde el machismo predomina.

 Que difícil es vivir en un país donde dependemos de un hombre para vivir y que ellos tomen las decisiones por nosotras.

 ¿Por qué lo digo?

 Les diré por qué…

 Tengo 32 años. Vivo en el área norte del país. Tengo poco tiempo de haberme casado. Ya formé una familia.

 Amo a mis hijos, y no estoy arrepentida de haberme casado, y mucho menos de tener hijos.

 No tengo estudios, no tengo como generar ingresos y no puedo ayudar a mi esposo. Soy ama de casa. Y para quienes estén leyendo esto, saben lo duro que ser ama de casa y lo duro que es vivir en el área rural.

 Hace poco resulté embarazada, nuevamente. Mi embarazo transcurrió normal, sin ningún problema. Iba a mis controles prenatales y todo iba bien.

 El tiempo pasó y mi bebe fue creciendo y me sentía feliz, porque nuevamente iba a ser madre.

 Llegaron los nueve meses y mi tiempo de tener a mi bebé estaba cada vez más cerca. ¡Qué emoción!

 El estómago ya estaba grande, y cada vez pateaba más seguido. Estaba pensando que nombre ponerle. Tenía muchas opciones, pero aun, no me había decidido. Estaba feliz por tener un bebe en la familia, pero preocupada por los gastos y demás cosas que vendrán.

 En fin… Dios proveerá.

 Era un día normal, cuando inicié con dolores de parto. Al principio eran leves y tolerables, pero al pasar las horas, fueron aumentando…

 Los dolores aumentaron y tuve que esperar a que mi esposo me llevé. Porque lastimosamente no sé hablar español, solo mi idioma materno. Y mi comunidad, la gente ve como un sacrilegio que yo vaya a un hospital, sin mi esposo, porque él, me tiene que decir que hacer.

 Los dolores se hicieron más fuertes, y mi esposo aún no había llegado. Y yo… sin poder hacer nada. Mi madre llegó a acompañarme, pero tampoco podía hacer nada, porque decía, que tenía que esperar a mi esposo.

 Que frustración es tener que esperar a alguien que decida por mí.

 Yo gritaba, porque los dolores se hacían más fuertes. Pero él, nunca llegaba. El dolor me hacía llorar, no aguantaba los dolores. ¿Qué podía hacer? ¿Por qué tenía que esperarlo para tomar una decisión?

 Mi bebé ya quería nacer, mi bebé ya quería sentir mi olor y oír mi voz, yo deseaba tenerlo entre mis brazos y darle amor, pero él, nunca llegaba.

 ¡Qué tormento, por Dios!

 Luego de varias horas, por fin llegó…

 Llegó sudando y jadeando, porque su trabajo queda lejos de donde vivimos.  Al llegar, noté su cara de frustración y descontento, porque inicié con dolores y no le había dicho. Pero a la vez preocupado. ¿¡Acaso es mi culpa que mi bebé quiera nacer!? ¿¡Acaso yo sé cuándo iba a iniciar con los dolores!?

 Luego de un par de palabrerías y un momento de mal gusto. Deciden llevarme al centro de salud. Y yo estaba con muchos dolores, y sentía que el bebé estaba a punto de nacer. No podía caminar, y sentía dolor de pecho. Luego, buscan un carro que me lleve, y solo con subir al carro, fue toda una odisea.

 Luego de un largo trayecto… llegamos a un centro de salud. Rápidamente me evalúan…

 Mientras yo estoy sufriendo con los dolores...  mientras estoy con los gritos y lamentos… oigo a los doctores hablar. Y no entiendo de que están hablando.

 Mientras hablaban, alguien me estaba colocando un suero… alguien me está sacando sangre para laboratorios. Luego me dicen, que me tienen que colocar una sonda para orinar.

 Y mientras sucedía todo eso, además de sufrir con los dolores, sentía que faltaba el aire, sentía que me ahogaba, y los doctores me colocaron oxígeno, pero, aun así, no podía respirar bien. Mi presión es alta, según logro entender. Mi saturación bajó más, a pesar del oxígeno que me colocaron.

 Necesito más oxígeno. ¡Siento que me ahogo!

 ¡Otra mala noticia!

 Mi bebé también, empieza a sufrir.

 ¿¡Dios, por qué me haces esto!?

 ¡Qué estaré pagando! Y Las lágrimas, inician a brotar de mis ojos, formando un riachuelo, que nadie notó, porque con los dolores y la dificultad para respirar, se secó rápidamente.

 Los médicos corren, llaman a más personas y veo mucha gente a mi alrededor.

 Llaman a mi esposo y le dicen que me tienen que llevar al hospital. Y a mí...nadie me dice nada. Simplemente por ser mujer…

 Una enfermera se acerca y me dice: estás delicada, tu vida está en peligro. Al igual que tu bebe. Tenemos que llevarte al hospital. Al oír esas palabras, siento que el mundo está contra mí. Siento que nadie me quiere, y simplemente me ven como un objeto.

 Mi esposo no me dice nada. Solo cruzamos miradas. Y ni una palabra de consuelo.  Y no puedo decir nada, porque estaría desafiando su autoridad.

 Pasado cierto tiempo, llegamos al hospital...

 Los médicos me evalúan, y ven que mi situación es delicada, no solo mía, también la de mi bebe.

 Rápidamente, me llevan a operarme. Solo oigo que mi vida está en peligro, y la operación es la solución…

 Llegó a un lugar frío, solo recuerdo que me colocaron una máscara en la boca y nariz. Y luego de eso… no sé qué sucedió...

 …despierto agitada, con dolor, sin poder respirar, con un tubo en la boca…

 Luego de oír varias voces diciéndome que me tranquilice, trato de hacerlo, y por fin, logro entender qué sucede.

 Abro los ojos, y estoy en un lugar donde hay otras personas igual que yo, que tiene un tubo metido en su boca. Después de poco tiempo, reacciono y me pregunto… ¿Dónde estoy? ¿Qué hago aquí? ¿Por qué tengo un tubo en la boca?  Ya no tengo dolores de parto, pero ahora son otros dolores que estoy experimentando.

 ¡Mi bebé! ¡¿Qué pasó con mi bebé?!

 ¡Necesito saber de mi bebé! Pero no puedo hablar por el tubo que está en mi boca.

 Que dolor tan grande el de una madre, el no saber de su bebé.

 ¿¡Hijo mío, dónde estás!? ¡Espero que te encuentres bien!

 Desde donde me encuentro te envío mis oraciones, para que pronto nos volvamos a reunir y darte mi calor, abrazarte, oír tu voz dulce y angelical, ver tu mirada y tocar tu piel. Que de seguro es la más hermosa de este mundo. ¡Hijo mío, ten paciencia, pronto estaré contigo!

 Lucha hijo mío, al igual que yo, para estar juntos nuevamente, ¡No te dejes vencer! Elevo mis plegarias, para que pronto estemos juntos. ¡Dios, ayúdame a salir de esto, para poder estar con mi bebé!

 Mientras pienso y oro para mi bebé. Los doctores me realizan varios laboratorios, y me sacan sangre a cada rato. Y no sé, porqué lo hacen muy seguido. ¿Acaso mi situación es delicada?

 El tiempo pasó… y ya puedo respirar mejor, sin depender de una máquina. Entonces… los doctores deciden retirar el tubo que está en mi garganta. Al inicio es difícil, porque siento que me ahogo, pero luego va pasando, y mientras esto pasa, me siento más relajada y tranquila.

 Luego de una hora, ya puedo respirar mejor y me siento bien, hasta tengo hambre. Mientras me adapto a esto, siento que estoy hinchada, y soy diferente a como era antes.

 Luego… un doctor se me acerca y trata de explicarme que tengo y como me siento, pero no entiendo el español. Le hablo en mi lengua natal, pero él tampoco me entiende. ¡Qué difícil situación!

 Llama a un traductor, que habla mi lengua materna. Ahora sí, entiendo que me quiere decir.

 El doctor empieza a preguntar muchas cosas, las cuales, todas son cosas que nunca había tenido. Luego de un largo interrogatorio, me explica que mis riñones están fallando. Que pudo ser secundario a la complicación del embarazo. Y ellos continuarán con los estudios y esperar a que resuelva espontáneamente.

 Sin embargo, ya van varios días y no me dicen cómo está mi situación clínica, y tampoco me dicen cómo se encuentra mi bebé, y para variar, mi esposo no está conmigo, ni siquiera ha venido a visitarme. ¡Qué triste y difícil es ser mujer, en este país!

 Y las malas noticias abundan…

 Primero… Los doctores me dicen que mis riñones no han mejorado, y por el tiempo que llevo, adquirí una infección propia del hospital. Por lo cual, iniciarán antibiótico. Y lo más seguro es que mis riñones nunca volverán a ser normales. Y posiblemente, en algún momento, necesitaré de una máquina para eliminar los desechos tóxicos, que el riñón no puede eliminar y posiblemente será permanente.

 Lo malo… ese tipo de tratamiento, no existe en el hospital de mi localidad, ni si quiera por lo privado. Tendría que viajar a la ciudad, a recibir el tratamiento. Pero lo más seguro, que mi esposo no querrá ir hasta allá, porque no cuenta con los recursos económicos y yo no trabajo, y para nosotros viajar es difícil y complicado. Tal vez, él me vaya a dejar y buscar otra mujer. Una mujer que no esté enferma, que no sea una carga para él, como lo soy yo.

 Lo peor… Cuando estoy pensando qué hacer con mi vida, llegan unos doctores y enfermeras a hablarme de mi bebé. Y cuando veo muchas personas, me imagino lo peor, imagino algo trágico...

...me dicen que, durante la operación, yo estaba delicada y complicada, y mi bebé también lo estaba en ese momento. Mi bebé nació débil y un poco azul…

Fue ingresado en un área especializada y le habían colocado un aparato para respirar, igual que a mí. Al oír esto, trató de contener mis lágrimas, pero mis ojos no resisten, y una lágrima se abre paso entre mi mejilla reseca y llega hasta mi boca, sintiendo el sabor amargo de la vida.

Y detrás de la primera lágrima, siguen emanando más, una por una.

Mientras me siguen hablando, me cuentan que mi bebé se complicó día a día, y llegó un momento que poco a poco, dejó de luchar. Al oír estas últimas palabras, imagino que algo fatal sucedió. Mis lagrimas fueron creciendo más y más, hasta crear un rio salado, como si estuviera bebiendo agua del mar.  

Todo se estaba acumulando. Todo se estaba complicando… dentro de mi ser, decía: ¡Dios, no te lleve a mi retoño! ¡No te lo lleves! ¡Qué culpa tiene él, que yo me haya enfermado en mi embarazo!

Quería que el mundo me tragara en ese momento y que me escupiera en otro lado, donde no haya dolor ni sufrimiento, pero no es posible. El mundo no es así, el mundo es cruel y despiadado, y nos crea bastante dolor.

Los doctores seguían hablando… Luego… hacen una pausa… una pausa larga… y silenciosa. Y me dicen… ¡tu bebé falleció!

En ese momento, mi corazón se detuvo, mi mente se quedó en shock. Mis ojos reaccionaron con más lágrimas, mi boca y mi lengua se paralizaron y enmudecí. No podía expresarme y tampoco podía hablar. 

Era el peor día de mi vida. No podía creer lo que estaba sucediendo. Estoy enferma y con alta probabilidad que no vaya a recuperarme, y posiblemente me vaya a cambiar por otra mujer y, ¡mi bebe, falleció! ¡Qué desgraciada es mi vida! ¡Qué desdichada soy!

Veo a las personas… hago gestos de dolor y llanto. Me vuelvo a acostar, y sigo llorando en silencio. Lamentando el día que nací. Lamentando el día que me case, lamentando muchas cosas más...

Y eso no es todo. Dicen que una desgracia nunca viene sola…

¡Veo a mi esposo hablar con los doctores! ¿¡Y eso!?

¡¿Qué estará pasando?!

¡Qué raro ver a mi esposo aquí!

Estaba feliz, pero a la vez preocupada, porque estaba hablando con los doctores. Y la expresión que está haciendo, me preocupa. Porque son gestos de que está hablando en serio.

Luego de un momento, se retira, y ni siquiera se despide. ¡Veo que no soy importante para él!

No se acercó, ni lo más mínimo. O por lo menos para preguntarme cómo estoy. O por lo menos, saludarme y decirme ¡ÁNIMO! ¡Saldremos de esto!

O decirme: ¡Estoy triste por la pérdida de nuestro bebe! ¡Estoy preocupada por ti, porque no te recuperas! ¡Los doctores dicen, que tu enfermedad es complicada, veremos qué hacer! O algo parecido...

Quiero que alguien, especialmente él, comparta mi dolor, y que este conmigo. O que no me diga nada, pero… con un abrazo, es suficiente para mí.

Pero no… a nosotros los indígenas, no se nos enseña nada de eso. En especial a los hombres, porque es algo que afecta su hombría, y eso "no es de hombres"

Y lo más seguro, es que se fue con sus amigos a emborracharse, porque eso es de hombres.

Mientras medito y cavilo todo ello…

Médicos y enfermeras se ponen a hablar de mi caso. No entiendo de qué hablan, porque no entiendo el español.

Y al fin… los enfermeros se ponen hablar en mi idioma.

Y comprendí, que no soy importante para él.

Enfermería dice, que mi esposo me quiere llevar a la casa, aunque los médicos no han dicho que tengo egreso. Mi esposo me quiere llevar a la fuerza, y él piensa que lo que tengo, es solo mi imaginación. Me quiere llevar a la casa, porque no hay nadie que cuide la casa. No hay nadie que haga las tareas de la casa. No hay nadie que le cocine, que le lave la ropa, que lo atienda, que le tenga su ropa limpia, que atienda a los niños. Prácticamente, una sirvienta, y no, como su esposa, como su pareja.

Al oír eso, me tumbo a la cama. Me acuesto de lado, y lloro en silencio, para que la gente, no se dé cuenta de mi dolor, y hacerme la desentendida de todo esto. Aunque por dentro, mi corazón está hecho mil pedazos. Y no tengo solución a mi problema.

Miro hacia el cielo, y realizo mis plegarias. Con lágrimas en los ojos, agradezco que estoy viva, porque pensé que no iba a estar viva, después del sufrimiento por el cual estaba pasando. Pero… más que todo, agradezco, que mi bebe, no vaya a pasar lo que estoy pasando. Con lágrimas en los ojos, con la voz quebrantada, con los labios secos, con el corazón partido, doy gracias a Dios, por mi bebé, que se encuentra a su diestra. No sé cómo lo tomarán otras personas, el dolor que estoy pasando. Desconozco el sentimiento que tiene mi esposo. Y desconozco, como estará mi familia por la terrible noticia que me acaban de contar.

Tal vez… no dirán nada. Y si salgo de aquí, lo más seguro, que dentro de poco estaré embarazada, otra vez.

Solo nos usan para tener relaciones y tener hijos. Solo nos usan para atenderlos, para cocinarles, para lavarles, para tratarlos como reyes. ¡Qué triste nuestra situación! Nos ven inferiores, nos ven menos que ellos. Pero ellos, no saben, que hacer todo eso, es un trabajo muy difícil y complicado. El tener listo todo, lleva tiempo, esfuerzo y mucho trabajo. Es un trabajo, que nunca se nos pagará.

Pienso esto y muchas cosas más. Del porque nos tratan así, del porqué no valemos nada para ellos.

Y otra cosa... ¿Qué pasará conmigo al salir de acá? ¿Qué sucederá con mi enfermedad? ¿Acaso espero a que muera lentamente?

Considero que mi situación es la peor de todas… y siempre elevo mis plegarias hacia el creador.

Los días transcurren rápido, y mi situación de mi enfermedad, sigue sin mejorar. Mi esposo sin venir a visitarme. Mi familia no se ha asomado a visitarme. Preguntó a enfermería, si algún familiar está preguntando por mí. y la respuesta que oigo, me entristece mucho. No, no hay nadie.

Mis lágrimas siguen rodando, una por una. Son gotas gruesas y pesadas, que ahora dejan marcado mi rostro. ¿¡Pero qué puedo hacer!? ¡Nada! Simplemente… esperar.

Mis recuerdos empiezan a pasar frente a mí. Y recuerdo muchas cosas, buenas y malas. Creo que son más malas que buenas. Y considero que mi situación es la peor de todas.

Súbitamente, los enfermeros de este lugar, junto con un doctor. Están preocupados y hablando de otra señora, que tiene las mismas condiciones y complicaciones que tuve al inicio, y al parecer, la traen a este lugar.

Según comentan, se encuentra grave… Y pienso… estará peor que mi caso o será menos grave. Aunque considero, que mi caso es el peor de todos.

De tantas lágrimas derramadas, me siento deshidratada y los ojos, están pesados y me siento con sueño… y cierro los ojos… y duermo… duermo en paz.

Pero luego… oigo voces y ruidos fuertes. Veo mucha gente dentro de este lugar. Veo varios doctores y muchas enfermeras, más de lo acostumbrado.

¿Qué pasa aquí? ¿Qué sucede?

Logro enfocar la mirada… y veo una señora de mi edad, por el dialecto que habla, creo que es de mi comunidad, aunque no se entiende bien, porque le cuesta respirar.

Rápidamente le colocan varios sueros, le administran medicamentos, y oxígeno. También… tiene una cosa en la nariz, una manguera, que esta drenando un líquido de color rojo oscuro, no sé si es sangre u otra cosa. Pero es bastante lo que está drenando.

Entre lo poco que logro entender, refiere que tiene dolor, que no soporta el dolor de estómago. Los doctores le dicen que por eso tiene la sonda. Pero ella, con la poca fuerza que tiene se la quita en más de dos ocasiones, y enfermería, se ve obligado a sujetarla de las manos, pero ella, logra quitarse la sonda, otra vez.

Los médicos van y vienen, la están evaluando a cada rato. Les preocupa que su presión está muy baja. Les preocupa que siga saliendo líquido de la sonda que tiene en la nariz. Les preocupa que haya dejado de orinar. Les preocupa que la señora se vaya complicando más.

Les preocupa todo eso, le realizan varios exámenes de sangre, y según el médico explica, la señora se encuentra mal. Sus exámenes no son nada alentadores.

El tiempo transcurre rápido, y mi vecina, está muy mal. Yo no soy médico, ni enfermera. Pero veo que, si está muy delicada, y su respiración es muy rápida. Ahora, ya está hablando cosas que no entiendo, menciona cosas y nombre de personas que no se encuentran aquí. Menciona objetos que no veo.

Ahora… está mencionando el nombre de una mujer y de un hombre, lo hace tan repetitivo, que... ¿Será el nombre de su esposo, hijo, hija, papá, mamá, o un ser querido?

Nadie lo sabrá… solo ella.

Llega la oscuridad, y la noche sigue su paso, acompañado de todas las almas que vagan a esa hora.

El tiempo transcurre, y mi vecina, la veo más delicada. Ahorita ya no habla. Solo la veo jadear, y tiene una cosa en su pecho, y en algunos momentos, se pone de color rojo y amarillo. No sé qué quiere decir, pero a mi entender, está mal.

Ya es tarde, y tengo sueño. Trato de dormir y descansar un rato, porque aún no me recupero de la noticia de mi bebé y de mi familia, que no se preocupan por mí. Los ojos están pesados, y cuando me percato, ya estoy durmiendo…

Oigo ruidos, las luces están prendidas, veo gente en movimiento, como si fuera las diez de la mañana. Luego de un tiempo… los médicos dicen que la señora falleció. Que desde que vino al hospital, ya estaba mal, y durante las horas y días de estar internada, fue agravándose, y lastimosamente, su cuerpo ya no aguantó, y dejó de luchar.

¡Otra mujer que muere! ¡Otra mujer que deja este mundo! ¡Hijos que quedarán en la orfandad! ¡Otra familia destrozada!

Pero en el caso de ella, su bebé aún está con vida. Está luchando por vivir. Su esposo no se encuentra cerca. ¡Otra mujer con la misma suerte que la mía! Abandonada y dejada a la suerte, y esperar que el destino nos diga qué sucederá con nuestras vidas.

Otra mujer, que deja a un hijo en la orfandad. Otro hijo que nacerá, si Dios así lo quiere, sin una madre que le dé el calor humano, que solo una madre sabe dar.

Otra mujer que muere, dejando a saber cuántos hijos. Hijos que crecen sin tener el calor de una madre, sin poder alimentarlos, porque sólo una madre sabe lo duro que es criar a un hijo. Solo una madre sabe lo duro que es buscar el alimento del día a día, y aunque ella no coma, se lo da a su retoño, para que no sufra hambre.

Aunque ella es maltratada por su esposo, sin preocuparse por ella, sin atenderla, sin preocuparse de su salud, etc. Ella hace y hará todo lo posible, por sacar a su hijo adelante. Hará todo lo posible, para que sus hijos, no pasen por las penas que ella está pasando en estos momentos. Solo una madre sabe el dolor que es ver a un hijo crecer sin su madre.

Y aquí estoy, viendo a una señora, a una madre, o una mujer que luchó por su vida, pero el destino le tenía preparado otro destino.

Veo hacia el cielo, y oró por ella, oro por su alma, oró por su hijo que aún está con vida, luchando por crecer. Pero es triste saber que acaba de morir. Es triste saber, que dejan a un niño, un bebé, un tesoro a manos de otras personas, que solo Dios sabrá como lo trataran, solo Dios sabrá si le darán el alimento que su madre se hubiera quitado de la boca, para dárselo a él.

¡Dios mío, porque permites que suceda esto!

Qué triste es saber, que nadie tiene comprado su vida. Qué triste es saber, que sabemos cuándo nacemos, pero no sabemos cómo, cuando, como, donde y porque moriremos.

Pero la vida es así…

Pienso en la señora que acaba de descansar. Y me digo… dichosa, ya no sufrirá más…

Pero mi caso… mi caso… ¿Qué sucederá conmigo? ¿Cuánto tiempo tendré que esperar para recuperarme? y si no me recupero ¿Tendré una muerte lenta? ¿Tendré el mismo dolor y sufrimiento que tuvo la señora que vi fallecer? ¿O mi destino será diferente?

¿Estará mi esposo y mi familia cuando este complicada, así como la señora? o ¿Me abandonaran?

Ahora conmigo… Queda esperar… y creo que será una larga espera...

Además… veo que habrá dolor y sufrimiento para mí, más de lo que estoy viviendo. Y no me resta más que esperar y soportar lo que el destino me tiene preparado.

Y que ¡Dios, me de las fuerzas, para seguir adelante!

Porque nacer mujer en este país, es de mala suerte, y no lo digo yo, lo dicen todas las muertes que suceden a diario.

Y aunque seamos el motor de la familia, nadie lo nota, nadie nos aprecia, nadie nos da nuestro lugar, nadie está con nosotros cuando más lo necesitamos, nadie…

Mis lágrimas no dejan de rodar. Mi corazón sufre en silencio. Mi mente, no deja de pensar en mi bebé que está a la diestra de Dios.

Dios, ayúdanos, no nos abandones. Guiamos y ayudamos en este mundo de dolor y sufrimiento. Ten compasión de nosotros, tus hijos. 

Te lo pide una madre, que sufre en silencio…

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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