Nadie...


¡Me encuentro cansado! Siento que mi cuerpo fue pisoteado por varios elefantes. Y todo movimiento me produce dolor. Pero el dolor se acentúa en la espalda, de lado izquierdo. Este dolor siempre lo he tenido desde hace varios años. Y siempre se me presenta cuando estoy bajo presión o estrés. 

¡Qué fea sensación!

El dolor se quita cuando estoy en movimiento o cuando estoy realizando actividades. Sin embargo, cuando hago reposo el dolor se acentúa más, y no me deja en paz. Busco alguna posición para que calme, pero no hayo posición alguna.

No quiero tomar medicamentos, porque soy pésimo paciente, y siempre olvido tomar los medicamentos indicados por los médicos visitados previamente.

Y como el dolor exacerba, decido descansar un momento. Busco una silla cómoda, pero no hayo silla alguna, todos me agudizan el dolor.  Mi búsqueda es frustrada, y salgo en busca de otro lugar, en busca de un asiento cómodo que calme mi dolencia.

Camino por los pasillos, y mientras camino el dolor alivia parcialmente, sin embargo, no me abandona. Es la sensación mas incomoda que he presentado en estos días. El dolor es insoportable, que me hace caminar mas rápido, tumbando a las personas para que liberen mi camino, en busca de mi dosis de analgésico.

Al no encontrar lugar alguno que apacigüe mi dolencia, mejor salgo del hospital, y me dirijo hacia el parqueo. Al salir, y estar en la entrada principal, busco de forma desesperada un lugar donde haya sombra, pero a la vez, pueda estar sentado para que el aire fresco y el aire puro de los arboles frondosos disminuyan mi molestia.

Dirijo mis pasos hacia el lugar que logre ver, donde había un árbol grande, con copa ancha, debajo de ella, un lugar cómodo, con grama verde, y sin piedras. Sobre las hojas existen varios pájaros migrantes, de diferentes colores, y todos se encuentran trinando al unísono. Por tanto, al contemplan ese magnifico lugar, voy inmediatamente hacia allá.

Al llegar...

Era el lugar donde deseaba estar. Fresco, con brisa de aire natural. Con aves de diferentes especies y colores. Y un lugar donde poder recostar, y donde no hay piedras que agudicen mi dolencia. Observo el lugar justo para mí, me dirijo y me recuesto.

Al recostarme, mi cuerpo siente lo fresco y refrescante del pasto. Se relaja… y se deja llevar por el lugar. El lugar es tan fresco y refrescante que mi cuerpo libera endorfinas solo con el hecho de estar recostado. Al liberar endorfinas, se relaja más y mi dolor poco a poco se aleja de mí.

Mientras estoy recostado, giro y observo mas detalladamente, que existen brotes de flores, de plantas y otras plantitas que próximamente cubrirá el pasto para darle más color y más belleza. También observo sobre las ramas de los árboles, que existen nidos de aves, y veo a otras aves que se encuentran creando su nido y refugio allí, porque es un árbol grande y fuerte.  

Cuando ya me encuentro recostado, mi dolor empieza a mermar, y al disminuir, mi cuerpo se relaja. 

Pero…

A pesar de estar en un lugar cómodo y relajado, aun no encuentro la posición adecuada. Doy vueltas y vueltas en el pasto, buscando la posición ideal, y al encontrarla, me doy cuenta que estoy en posición fetal.

¿Por qué me quede así? ¿Acaso es muy intenso el dolor, para estar en esa forma? ¿Por qué estoy con esta molestia…? es una pregunta tras otra, cual tren de vagón, así son las preguntas, que tengo que responder. Y lo más triste, es que no tengo respuesta alguna.

Cuando encuentro mi lugar y posición adecuada. Mi cuerpo se relaja. Es tan gratificante que el dolor se vaya eliminando de mi cuerpo, que mis ojos derraman lágrimas de placer, lo hace por felicidad. Porque el dolor no lo deja dormir ni descansar bien.  

Mis ojos se encuentran tan cansados por el dolor, mi mente no ha podido descansar bien por el dolor. Mis ojos se encuentran pesados. Pero mientras el dolor se retira paulatinamente, mi mente inicia a relajarse y relajarse, que queda profundamente dormido… y no sé que sucede después.

(…)

Pasado un tiempo, siento que el frio me abraza, llega y me saluda efusivamente. Me abraza y hasta se acomoda a mi lado, intentando quitarme de allí. Pero no quiero retirarme porque estoy bien donde me encuentro.

Mientras el frio se acomoda a mi diestra. Veo que también existen otras personas poco agradables y deseables que se posan cerca de mi lugar favorito. El lugar que he estado buscando durante mucho tiempo, el lugar donde me relaja y me aleja de ese dolor que sufro todos los días, que me hace sufrir, y no me deja realizar mi vida de forma normal.

Con lo poco que pude entreabrir mis ojos, veo que el cielo se torna de color gris. Pero es un gris oscuro. Es tan oscuro que llegué a pensar que el anochecer ya llegó. Pero no es así…

De pronto…

Inicia a caer gotas de lluvia sobre mi cuerpo, son gotas gruesas, grandes, redondas, frías, que perturban mi paz. Sin embargo, no quiero poner atención a esa situación, porque si lo hago, mi dolencia inicia nuevamente, y el circulo se vuelve a repetir.

Las gotas siguen cayendo, unas tras otras, sin cesar. Y rodean mi cuerpo, formando un riachuelo y mi cuerpo inicia con escalofríos. El frio que ya estaba allí, me abraza y no me quiere soltar.

Veo que también llega a posarse sobre mis pies, al ser mas despiadado que conozco, al ser que me tiene así, al ser que he tratado de huir de él, sin embargo, no he podido. Es el dolor, que se apareció nuevamente…   

¡Oh! ¡Dulce veneno que eres parte de este ser! ¡¿Por qué eres así conmigo?! ¿Qué he hecho yo para merecer este castigo? ¿Acaso algo he de pagar?

¡Dolor, a ti te hablo! Sabes, eres el ser más despiadado que ha invadido mi cuerpo. No me dejas descansar, no me dejar en paz. Eres como mi sombra, que me sigue a todos lados. Y has cambiado mi vida, mi rutina, mi forma de ver la vida.

Te has metido tanto en mi vida, que alteras mi sueño. Trastornas mi hambre, trastornas mi reposo, a tal punto, que no puedo dormir bien, que no tengo sueño reparador, hasta a veces tengo pesadillas, porque siempre estás ahí conmigo. Te imploro y te suplico, que me dejes descansar y me dejes disfrutar este momento de paz y tranquilidad, que mi cuerpo tanto ha anhelado.

¡Oh dolor! ¿Por qué invades mis entrañas, sabiendo que me causas daño? ¿Disfrutas del sufrimiento que causas cuando pasas por mi ser? ¿Disfrutas verme retorcer de la agonía, y que este molesto en todo momento? ¿Disfrutas verme sufrir a toda hora? ¿Disfrutas verme así…? eres el ser más despiadado creado para hacernos sufrir. Y llegaste para quedarte, eso es inevitable.

¡Dolor! ¡Dolor! ¡Dolor! Suplico tu perdón, imploro que dejes mi cuerpo, que ya ha sufrido demasiado. Porque este hijo de Dios, no soporta estar con esta carga, que nadie aguantaría. Si lo he soportado, es porque he sido fuerte por mucho tiempo. Pero mis fuerzas se están apagando, y no tengo como recargar energía, y seguir luchando. Entonces, ¿Qué quieres de mí? ¿Por qué sigues conmigo?

Sin embargo, no solo el dolor se encuentra a mi diestra. También se encuentra el frio. Que combinación tan fatídica. No puede haber una desgracia sola. Ahora ¿Qué cuenta le debo al frio? ¿Por qué siempre es así conmigo?

Frio, tú que invades mi cuerpo, mi alma, mi habitación. Siempre me acompañas en días de soledad. Siempre estas conmigo en las noches tristes. En los días lluviosos. En los días nublados, en los días cuando amanece soleado, pero luego se torna gris únicamente para mí.

El frio me cobija en las noches, viendo la luna y las estrellas. Me acaricia la cara cuando camino solo por las calles, y veo a parejas felices. Despiertas conmigo en las mañanas, y me acompañas todo el tiempo. Me acompañas tanto, que a veces pienso que eres mi mejor amigo, porque estas conmigo en las buenas y en las malas, pero mi vida esta mas lleno de cosas malas que buenas.

Me tiendes la mano cuando los demás huyen. Me acompañas en mis días de tristeza. Cuando no tengo con quien desahogarme, tú siempre estas allí. Cuando camino por las calles, avenidas, rutas, boulevard, y todo camino conocido por el hombre. Siempre estas allí conmigo como piloto o copiloto. A veces pienso… que somos el uno para el otro.

¡Pero que ideas tan absurdas la mías!

¡Ves lo que causas en mi ser!

Como siempre estas conmigo, solo pienso en ti. Porque ya me acostumbré a tu presencia, a tu esencia, tu amor, tu olor, tus abrazos.

Qué triste mi situación…

Caminar solo…

Sin amigos…

Sin nadie a quien sostener o que sostenga mi mano…

Sin nadie que me provee calor por las noches de frio y soledad…

Sin nadie que me de palabras de aliento cuando estoy decaído y deprimido…

Sin nadie que me comprenda…

Sin nadie que me cobije cuando hay frio…

Sin nadie que se levante conmigo en las mañanas y que me diga, buen día…

Sin nadie…

Y al pensarlo… mis ojos se llenan de lágrimas, se tornan frágiles, mis gestos demuestran dolor y tristeza ¡No quiero llorar! 

En serio ¡No quiero llorar! 

Pero el dolor, la soledad, el frio se encuentran siempre conmigo. Ellos tocan mi alma, y ganan la batalla. Haciendo que me vuelve más vulnerable. Y las lágrimas… se desbordan por toda mi mejilla. Llegando hasta mis labios, donde saboreo la tristeza, la amargura de mis días negros. Los días de dolor inconsolable. Y otros sufrimientos que solo mi alma conoce…

El dolor toca mi corazón, el frio lo envuelve con su manto. La soledad se posa sobre ella, y se acomoda con una taza de café amarga. El llanto humedece todo el dolor acumulado, y con sus gotas frías y gruesas amasan todo dolor acumulado, haciendo que forme un capa dura, gruesa e impenetrable hacia mi miocardio.

Triste… pero cierto.

Mientras duermo cómodo, fresco y relajado en este árbol frondoso, que gracias a Dios encontré. Mi mente esta librando esa batalla de tristeza, llanto y melancolía. Mi mente esta perdiendo la batalla, y las endorfinas ahora ya son menos, y el dolor nuevamente regresa a su posición original. Inicia nuevamente atacar, como siempre lo ha hecho. Que dura batalla libera mi alma y mi mente con estos seres indeseables.

Luego de un determinado tiempo… pierdo la batalla, y el sueño huye para no morir en batalla. Y al despertar, despierto con la boca seca, con el corazón latiendo a mil por hora, las manos frías, pesadas y sudorosas, con falta de aire. Despierto aturdido, sin saber donde estoy, pierdo mi Glasgow por un momento, pero luego lo recobro, y recuerdo porque estoy allí…

Consideré que era una pesadilla todo lo vivido, todo lo comentado… pero no…

No es así… no fue una pesadilla.

¡Todo es cierto!

Nada es mentira…

Ahora que estoy de vuelta a la realidad.

Estoy solo, sin nadie conmigo…

Sin nadie a quien contarle lo que me sucede…

¿Es malo pedir a alguien que me comprenda?

¿Acaso la soledad será mi compañía para toda la vida?

¿O la vida me tiene destinado a estar en soledad?

¡Qué triste es estar así!

Que triste es caminar solo por el mundo, viajar solo por el mundo, hablar solo por el mundo, soñar solo por el mudo, y no tener a nadie.

¡A nadie!


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