¡ Mi Último Día !



Llega el día tan esperado.

¡No lo esperaba!

¡Nunca pensé que iba a llegar este día!

Al llegar los últimos días de noviembre. Y el día de la entrega de los premios a la excelencia que fue el último día del mes de noviembre. Fue un día memorable, por cierto ¡Que jamás olvidare! Ese día todo transcurrió con normalidad. Todos llegaron a su servicio, y todos en sus actividades programas por la mañana. Pero ese día. Solo se iba a trabajar por 2 horas. Porque a las 09:30 horas, se iniciará la premiación.

Ese día estaba nerviosa. Emocionada. Porque al terminar la actividad se iba a realizar otra actividad con los jefes de intensivo. Quienes fueron mis mentores, mis maestros. Una actividad donde participaran todos los residentes de todos los años. Además de los 2 jefes de servicio. También participara la jefa de intensivo. Una persona, que siempre ha estado a nuestro lado. Y nunca nos ha abandonado.

Al llegar la hora. Todos suben al aula magna. Todos bien arreglados. Todos presentables e impecables. Todos felices. Todos emocionados por ser partícipes de la actividad.

Inicia el acto de ceremonias. Comienzan con el himno de Guatemala. Todos de pie entonando el himno más hermoso del mundo. Y continúan con todo el acto protocolario... Y finaliza la actividad.  Todo fue un éxito. Todo salió como lo planeado

Ahora todos se dirigen hacia el área de coronarios de cuidados intensivos. Donde hay comida preparada. Comida deliciosa. Que solo alguien lo pudo preparar. Que solo ella conoce la receta. Hubo alguien, mejor dicho, muchos que quieren esa receta. Pero ella no compartirá la receta, porque es una reliquia familiar. Y solo ella será quien mantendrá la receta viva. Y nadie tendrá el gusto y el placer de prepararla. Pero previo a ir a intensivo. Veo un mensaje que nos indica, que todos los residentes, debemos de estar en el salón de clases. Por tanto, dirijo mis pasos hacia allá.

Todos preguntándose ¿Por qué tenemos que ir al salón? ¿Qué tienen planeado? 

Todos tomamos asiento. Y vimos que el jefe de residentes saliente, se coloca frente al pódium e inicia a pronunciar un discurso. Al finalizar. Inician a mencionar a la nueva persona que tomara el puesto de jefe de residentes. Mencionan los posibles candidatos. Pero al final, mencionan el nombre de la nueva jefa de residentes. Ella nerviosa, na sabía que decir. Lo único que pudo pronunciar, fue: No estaba preparada para esto. Y todos rieron a carcajadas.  Fue un momento épico.

Luego los jefes de intensivo, pronuncian sus palabras. Su discurso. Fueron palabras emotivas. Palabras de sabiduría. Al finalizar... todos emocionados por ir a comer. Porque ya teníamos hambre. Y queríamos probar aquel esquisto plato. Aquel platillo único, diferente, que únicamente se sirve en fechas especiales. Y quien lo prepara también es única.

El platillo está preparado a base de una salsa roja especial. Agradable al paladar. Única, deliciosa y exquisita. Contiene cebolla, que es crujiente, y demás condimentos que no conocemos. También contiene chicharon. El cual es suave. El sabor es único y diferente. Se acompaña de tortillas calientes. Esta combinación, solo alguien lo puede realizar. Esta receta, lastimosamente no la sabemos. Para poderlo realizar en casa. Pero bueno… es una reliquia familiar, y por tanto… se debe respetar.

Todos llegan al lugar, todos toman asiento.  Ya se encuentra todo preparado para servir la comida. Todos toman su plato, todos inician a degustar la comida, preparada por esa persona especial.
Me siento a la par de mi compañera. Mi amiga. Mi hermana. Mi ángel guardián.

Hoy use maquillaje especial. Me depile las cejas, me voltea las pestañas. Me arregle el cabello para el día de hoy. Las dos platicando de lo acontecido el día de hoy. Riendo a carcajadas por lo sucedido. Comentando casos de un paciente de hoy o de días previos. Las dos con nuestras bandejas en nuestras manos, con tres tortillas con chicharrón y con la salsa especial. Y veo a mi alrededor. Que todos están comiendo. Todos alegres. Felices. Es un placer estar compartiendo con todos. Disfrutando del platillo que prepare el día de ayer. Valió la pena dormir tarde. Y lo que más agrada, es que el jefe, está disfrutando de la comida que se preparó. Y menciona, que es una lástima que no comparta la receta. Y ella, únicamente, se ruboriza, inclina la cabeza, se acomoda el cabello y dice con vos aguda, lo siento, es una receta familiar. Y que ha pasado de generación en generación. Y todo ríen a carcajadas. Compartiendo médicos residentes, médicos jefes de intensivo. Jefa de enfermería de intensivo. Auxiliares de enfermería. Médicos externos y demás personal que no recuerdo que estuvo presente en este momento.

Todos disfrutando la comida. Cuando alguien interrumpe de forma brusca. Solicitando la palabra. Se acomoda el cabello. Se quita la bata. Toma la palabra. Se coloca a la par del jefe. E inicia a decirnos cosas bonitas, a mencionar que somos unas compañeras, unas amigas, unas personas únicas y diferentes. Cuando veo, su voz se quebranta, sus ojos se vuelven vidriosos, se acomoda nuevamente el cabello. Se le oye que la voz cambia. Le he es difícil pronunciar palabras. Y veo, que sobre sus mejillas inician a derramar algunas lágrimas. Y yo al verla, tengo el mismo sentimiento. Que todo esto lo voy a extrañar. Que todo esto fue mi vida por cuatro años. Me toca el corazón toda palabra que emana de sus labios. Es difícil describir el sentimiento que tengo en este momento. 

Compartiendo cada palabra que de ella articula. Cada palabra que pronuncia, me toca más el corazón. Mi corazón palpita más rápido. Mi vista se torna borrosa. Y sin querer, derramo una lagrima. Qué difícil es describir estos sentimientos encontrados. Ella, quien, en ese momento continua con su discurso, al darse cuenta que su voz ya no se puede oírse por toda la concurrencia. Toma una servilleta de papel. Se seca las lágrimas, y termina, pronunciando las palabras más bonitas que he oído hasta el momento.

Quiero tomar la palabra. Pero veo que alguien más toma la palabra. Y también ellos pronuncian palabras hermosas. Palabras que me llegan al corazón.  Palabras únicas y hermosas. Palabras que no olvidare. Y así… pasan uno y otro y otro… hablan muchas personas que me hace sentir única. Palabras que llevare en mi alma. Y ya ni me acuerdo de todo lo que dijeron. Y el jefe de servicio. Disfrutando de la comida. Todos son especiales para mí, todos siempre me los llevare en el corazón. Nunca los olvidare. Siempre los llevare en mi memoria, en mi alma. Nunca olvidare esta actividad que se realizó. Y al finalizar… se tomaron fotografías, hubo abrazos. Hubo palabras de alegría. Palabras que me hicieron recordar desde el día que entre al hospital. Hubo una sesión de fotos, una sesión única e indescriptible.

Ahora que esa actividad terminó. Todos vuelven a sus actividades. Todos continúan su actividad normal. Y el mes termina. E inicia el último mes del año. El mes de la nostalgia.

Ya en diciembre. Mi boda está programada para la primera semana del mes de diciembre. Todo se realiza con normalidad. Todo salió como se planeó. Todo fue hermoso.

Los días transcurren. Los días pasan como si nada hubiera pasado. Veo la fecha, y me percató que estamos en la segunda semana. Veo los pasillos del nosocomio, y todos felices, emanando alegría, porque se acerca navidad y fin de año. Todo hablando de papa Noel, hablando del nacimiento del salvador del mundo. Todos emocionados, porque la mayoría pasara al siguiente año de residencia. Para algunos es el segundo, para otros el ultimo. Como me acaba de pasar. Muchas historias que vivimos durante este tiempo. Muchas historias que compartimos con ustedes. Aprendí de ustedes. Aprendimos muchas cosas. Veo el pasillo y recuerdo todas las cosas que viví en este hospital. Mucha gente que ya no volveré a ver. En fin… muchos recuerdos.

Los días transcurren con normalidad. Entre el intercambio de regalos que se realizó. El convivio con los jefes de servicio. Hubo abrazos, palabras de júbilo. Hubo sesión fotográfica. Que fue épico, nuevamente. Porque fueron muchas fotos. 

Y los días siguen pasando… pero mis días están contados. Mis días ya son los últimos. Que feliz me siento, pero a la vez triste. Porque por fin se hará realidad mi sueño.

Por ser fechas especiales, se dispuso trabajar por turnos. Entonces pase más días en mi casa y con mi familia. Y únicamente asistía al hospital para llegar a los turnos. Mis últimos turnos en este lugar. Mi segunda casa. Mi segundo hogar. El lugar donde viví y a veces, no quería vivir. Pero el sueño se cumplió. El sueño se hizo realidad. Ahora… ya no estaré aquí. Ya mi tiempo de estancia está llegando a su fin.

Es el último viernes del mes. El ultimo día laboral. El ultimo día que veré a mis compañeros. El ultimo día que compartiré con ellos. Este día, me trae muchos recuerdos. Recuerdo el primer día que di el primer paso en el hospital cuando inicié esta carrera. Paso por todos los pasillos. Cada paso que doy, cada persona que veo, cada lugar que paso y me dirijo, todo me traen recuerdos. Busco a todos mis compañeros. Me despido de ellos. Hubo alegría, hubo tristeza. Hubo recuerdos buenos, recuerdos malos. Y todo es añoranza.

Estoy tan feliz, por haber cumplido este sueño. Estoy tan feliz porque mi sueño se hizo realidad. Estoy feliz, porque conocí a mucha gente buena. Estoy feliz... Porque he cumplido una meta más en mi vida. Estoy tan feliz, que no encuentro palabras para expresar lo que siento…

Ahora que todo se acabó. Que todo llego a su fin. ¿Qué me deparará el futuro?

Tengo planes…

Tengo nuevos objetivos…

Tengo nuevos sueños…

Tengo preparado muchas cosas, las cuales, si Dios me da la oportunidad, todo esto se cumplirá.

Pero hoy… fue un día especial. Al estar en el intensivo. El personal de enfermería, a quienes les tengo mucho aprecio, por todos los momentos que viví con ellos. Ellos… tienen una tradición de ya muchos años. Siempre realizando el tradicional baño de agua fría.

¿En qué consiste? Desde hace mucho tiempo. Cada persona que cumple años. La jefa de servicio. Coordina con el personal de enfermería, que tomen por sorpresa a la persona que está cumpliendo años. Lo toman entre dos o tres personas, luego es conducido a la regadera, para darse el regaderazo respectivo. Existen algunos que no niegan a darse la ducha, y ellos de forma voluntaria se dan la empapada correspondiente. Pero también existen las personas que no quieren darse ese gusto de mojarse en agua fría, y ellos, se les toma por los brazos y las piernas, llevándolos de forma obligatoria. Algunos los llevan abrazados, colgados, hasta llegar a la regadera. Previamente abierto con el agua lista para empaparnos. Unos de forma voluntaria entran bajo la regadera. Y otros, como la mayoría de los casos, es empujado debajo de la regadera, con el agua fría. Al sentir lo frio que se encuentra el agua, en especial las mujeres, gritan al sentir lo frio del agua que cae sobre su cuerpo. Y una vez empapados, se termina la actividad del regaderazo.

Entonces hoy, que fue el último día que estuve en el hospital, mi último turno. El personal de enfermería que estuvo de turno. Uno de ellos, una persona de tamaño promedio, de complexión ancha. Otra persona delgada. Me condujeron hacia la regadera, acompañados de dos compañeros residentes. Y sabiendo que me tenían preparado. Dirigí mis pasos hacia el baño, de forma voluntaria. Pero para asegurar que no me escapara, ambos me sostienen del brazo. Y me acompañan hacia el baño. Primero introducen a mi compañero bajo la regadera. Y en eso resbala y cae al suelo. Empapado hasta los pies. Es mi turno, sabiendo que no es la primera vez que recibo el regaderazo, decido entrar bajo la regadera de forma voluntaria. Pero por lo frio del mismo, no entro totalmente bajo la regadera. Pero los auxiliares que están allí, me arrojan bajo la regadera, haciendo que me empape totalmente. Que graciosa escena. Todos tomando fotos y tomando videos. Para luego compartirla con las redes sociales.

Que alegría, estos momentos son los que recordare. Que nunca volverán.

El regaderazo que recibí hoy fue…el de despedida.

Regreso a mi hogar. A mi casa. Saludo a mi familia. Me tumbo a la cama. Cansada. Triste. Acongojada. Melancólica. Meditabunda. Taciturna. Recordando todo lo vivido durante los turnos y el último turno que acaba de hacer. Recordé, todo lo que sufrí durante un turno. Lo vivido durante los más hermosos turnos frustrantes que cualquier persona pueda vivir. La más bonita experiencia que solo una vez se vive. Todos esos recuerdos, algunos los borre de mi memoria, por situaciones que ahora no recuerdo. Pero si queda claro y bien guardado y custodiado aquellos momentos felices y alegres. Momentos que me hicieron crecer. Momentos que me alegraron cuando me encontraba triste, acongojada, con lágrimas derramadas por situaciones de turno o de servicio. Es tanto lo que pase, que ahora no recuerdo muchas cosas. Es tan largo el sufrimiento, pero tan breve la alegría. Que ese corto momento de alegría, hace que todo lo que sufrí quede en el pasado. Y no deseo que alguien más le sucede, lo que a mí me sucedió.

Ya quedan pocos días y horas para terminar este año.

Tomo mi teléfono, reviso mi galería de fotos. Tengo muchas fotos recientes, de mis amigas que hice durante estos cuatro años. Fotos del año pasado cuando estaba en servicio. Lo más hilarante, es que tengo más fotos de cosas del hospital, que fotos personales o fotos con las personas que aprecio. Pero es un balance entre ambas situaciones. También, observo fotos que tuve cuando hubo todas las actividades realizadas durante estos años de residencia. Fotos… que quedaran guardadas en mi memoria.

Reviso el chat de posgrado. Me siento, me acomodo el cabello. Me realizo una cola. Veo que el teléfono está quedando sin carga, por tanto, tomo el cargador y lo conecto. Reviso el chat. Y me doy cuenta que fueron muchos momentos los que se vivió desde principios de año. Todas las llamadas de atención, todas las notas publicadas, todos los eventos a los que asistimos. A los congresos que asistimos. A las fotos subidas por mis compañeros que fueron compartidas, durante las diferentes actividades.

Voy revisando el chat desde principio de año, y en eso… la tristeza me cubre con sus brazos. La melancolía aborda mis ojos. La congoja toma mi corazón. Los sentimientos encontrados poseen mi mente. El escalofrió sube a mi cuerpo. Logro vislumbrar el llanto que se acerca paso a paso hacia mí. Cuando sin darme cuenta, me abraza, me consuela. La melancolía busca mis glándulas lagrimales, las tomas con sus manos. La melancolía y el llanto confabulan contra mi mente. Y en eso… mis ojos… mis ojos tiemblan. Sin mediar palabra alguna, inician a brotar lagrimas… lagrimas que sin explicación alguna emanan de mi ser. Lagrimas… que sin tener respuesta a lo acontecido brotan una tras otra. No tengo palabras para describir todos estos sentimientos, que me toman por los brazos, dirigiéndome hacia otro rumbo. Buscando nuevos horizontes. La felicidad me toma de su mano, me guía hacia otro lado. La amistad, continua a mi diestra, siempre acampándome en todo momento. Pero en estos momentos, la tristeza, la melancolía, el llanto me están abrazando, me están tomando de la mano, todos dándome el abrazo de felicidad por terminar y cumplir este sueño tan añorado. Un abrazo tan fuerte, tan tierno, tan sentimental, tan hermoso, que ya no encuentro más palabras para describir lo que siento en este momento. Y veo que un rio de lágrimas caen sobre la pantalla del teléfono, busco papel y seco la pantalla. Río y lloro a la vez. Rio de alegría. Rio de tristeza. Rio de lágrimas inconsolables. Rio de cosas que pasaron. Rio de todo lo vivido.

Busco papel nuevamente, me seco mis lágrimas. Me sueno la nariz. Me vuelvo acomodar el cabello. Estoy triste… y mis lágrimas siguen brotando, como si mis ojos fueran un campo fértil para las lágrimas.

Me digo a mi misma. Ya es hora de partir. Tomo mi teléfono, y decido escribir un mensaje de despedida para todos mis compañeros, amigos y hermanos que conocí durante estos años.  Decido escribir un mensaje expresando mis sentimientos. Pero obviamente, este corto mensaje, no puede expresar todo mi sentir en este momento. En este momento efímero. Cada palabra que escribo, lo acompaña una lagrima. Cada palabra escrita, nace de mi corazón. 

No quiero irme, pero… tengo que hacerlo. 

No quiero dejar esto… pero tengo que hacerlo. 

No quiero dejarlos… pero tengo que hacerlo. 

Pero al final de todo esto, quiero agradecer por todo lo vivido con ustedes. 

Ahora… tengo que despedirme, escribí y mande el mensaje al chat del posgrado, donde existen personas únicas, personas extraordinarias, personas que fueron únicos para mi…

Mis lágrimas siguen rodando por mi mejilla, la tristeza no me deja, el llanto sigue abrazándome, la melancolía sigue a mi diestra… pero tengo que hacerlo. 

Y despido de ustedes, diciendo que siempre los llevare en mi corazón, y aquí siempre está su amiga. Los quiero mucho. Mis lágrimas siguen rodando. Y salgo del grupo de chat de posgrado. 

Diciendo ¡ADIÓS AMIGOS!

Pero no es un adiós. Tampoco una despedida.

Es un hasta pronto.



0 Comment "¡ Mi Último Día !"

Publicar un comentario